Hacia el debate. Carta I:
¿Qué es la privatización?
A la convocatoria de la secretaria de Energía y del director de Pemex
para un debate amplio sobre la reforma energética, respondimos
afirmativamente en nuestro carácter de ser uno más de los numerosos
grupos y personas interesados en uno de los asuntos fundamentales del
desarrollo nacional. A la invitación primera no han seguido propuestas
del gobierno federal sobre las formas y los métodos del debate y, en
abierta contradicción con la propuesta, el Partido Acción Nacional da
por inexistente el llamado a discutir y anuncia que serán ellos y no el
Poder Ejecutivo, quien envíe el proyecto a las Cámaras. También, y
en sentido complementario, el senador Manlio Fabio Beltrones decide
que no hace falta el debate y que ya todo debe estar en manos de
expertos. Eso es, de modo tajante, el llamado a la privatización del
conocimiento, sin más. Los expertos tienen necesariamente, la última
palabra, pero en una democracia, esa última palabra se integra por
las decisiones informadas de la colectividad.
Suponíamos y suponemos que el Ejecutivo tiene por razón natural
una información abundante sobre el petróleo, muy superior a la de
Acción Nacional, pero cada grupo decide cómo distribuye sus costos
políticos. Y, también, es curioso que el PRI, por voz de su líder,
decida que a los ciudadanos, en su calidad de no expertos, les
toca callar y obedecer.
Confiamos en las virtudes críticas del debate y por eso insistimos
en mantenerlo como salida racional. Por eso ahora presentamos una
definición posible de la privatización del petróleo. Estamos seguros
que por su carácter crucial, la discusión continuará. ¿Cuál es la prisa?
Privatización significa vulnerar el principio constitucional que hace
de la Nación la propietaria de los recursos del subsuelo, en especial
de los hidrocarburos, y reducir la exclusividad de Pemex en la
explotación de los recursos petroleros de la Nación. Privatizar es
entregar parte de esa riqueza a empresas nacionales y extranjeras,
afectando la soberanía nacional y el presente y el futuro
de los mexicanos.
Atentamente
Carlos Monsiváis, Sergio Pitol, Elena Poniatowska, Fernando del Paso,
Margo Glantz, Hugo Gutiérrez Vega, Enrique González Pedrero,
Laura Esquivel, José María Pérez Gay, Guadalupe Loaeza,
Lorenzo Meyer, Arnaldo Córdova, Rolando Cordera,
Ida Rodríguez Prampolini, Luis Javier Garrido,
Víctor Flores Olea, Héctor Vasconcelos,Carlos Payán,
Héctor Díaz Polanco, David Ibarra, Enrique Semo, Carlos Pellicer,
Jorge Eduardo Navarrete, Luis Linares, Antonio Gershenson
Hacia el debate.
Segunda carta: El diagnóstico
El diagnóstico sobre la situación de Pemex presentado por la
Secretaría de Energía y el director de la paraestatal, ha
cumplido su cometido inicial: fuera de sus autores, no ha
convencido a nadie. El Frente Amplio Progresista negó
puntualmente la veracidad de sus datos y la lógica, si alguna,
de sus conclusiones. El Partido Revolucionario Institucional
(PRI) calificó de catastrofista, y por tanto, de mentiroso, el
documento. El mismo gobierno de Calderón no atendió a sus
poderes persuasivos y pasó de inmediato a la amenaza, ya seguro
de que no persuadiría. El secretario de Hacienda declaró: Si no
hay reforma energética subiremos los impuestos o recortaremos el
gasto. Es decir, si no nos obedecen la pasarán muy mal ahora, y
sus descendientes la pasarán mucho peor ya sin el peso del
patrimonio nacional sobre sus espaldas. Y el presidente de México
de 2000 a 2006, líder moral del Partido Acción Nacional (PAN)
sentenció: “Es increíble la resistencia que todavía hay en México
para derrocar el monopolio de la energía y asociarlo con inversión
privada para atraer las inversiones” (28 de marzo de 2008).
Y vaya que Vicente Fox hizo lo posible por “derrocarlo”.
El diagnóstico convincente y veraz sigue haciendo más falta que
nunca. En nuestro carácter de ciudadanos atentos al proceso
económico y social del que tanto depende el país, insistimos en
el debate, seguros de que éste no sólo consiste en el intercambio
de puntos de vista tajantes. Por debate entendemos la
confrontación de tesis y realidades en un nivel nacional. Eso
exige el traslado de las discusiones a los medios electrónicos,
una vez que se establezcan las reglas del
intercambio de puntos de vista.
Al respecto, la secretaria Kessel afirmó: “Si la población mexicana
rechaza la inclusión de inversión privada en Pemex el gobierno
respetará y asumirá esa decisión”. Luego agrega,
en plena debacle conceptual: “Cuando digo los
mexicanos, digo la población que
tenemos un grupo de representantes que hemos votado por ellos
para que representen nuestros intereses en el Congreso”. No,
cuando dice “la población mexicana” no dice el Congreso, donde
nos representan los representantes; dice todos los ciudadanos
mexicanos representados representadamente o no. De otro modo,
la argumentación sería: “Si el Congreso rechaza etcétera”.
Entre contradicciones, la secretaria se acercó a un hecho
incontrovertible. De no posponer esa decisión a julio de 2012,
la única forma para verificar en este tiempo el rechazo es el
referéndum. Es agradecible el lapsus triunfal de Kessel y
aguardamos su propuesta detallada en torno al referendo.
Mientras, ratificamos nuestra certidumbre: no a la privatización
y a las formas engañosas con que se presente. Sí al debate.
Comité de Intelectuales en Defensa del Petróleo:
Rolando Cordera,Arnaldo Córdova,Laura Esquivel,
Bolívar Echeverría,Jorge Eduardo Navarrete,Víctor Flores Olea,
Luis Javier Garrido,Fernando del Paso,Héctor Díaz Polanco,
Margo Glantz,Antonio Gershenson,Enrique González Pedrero,
Hugo Gutiérrez Vega,David Ibarra,Guadalupe Loaeza,
Lorenzo Meyer,Carlos Monsiváis,Carlos Payán,Carlos Pellicer,
José María Pérez Gay,Sergio Pitol,Elena Poniatowska,
Ida Rodríguez Prampolini,Enrique Semo,
Héctor Vasconcelos, Javier Wimer
La propuesta de Felipe, El Espurio, Calderón acerca de Pemex es, en primer lugar un engaño. Dice que podrán las empresas extranjeras explorar, perforar, extraer, refinar, transportar y comercializar el petróleo. ¿Entonces qué va a hacer Pemex? ¿Para qué va a servir? Tan sólo para repartir contratos. ¿A eso llaman fortalecer a Pemex?
Por otra parte, los trabajos que hagan las compañías privadas, extranjeras o nacionales, implicarán un pago. ¿Alguien piensa que esas compañías, mexicanas o peor aun, extranjeras van a entregar al fisco el 80 por ciento de sus ganancias como lo hace Pemex? Estas propuestas de Felipe El Espurio, parecen un suicidio. ¿Por qué compartir las ganancias de trabajos que Pemex puede hacer y ha hecho durante 70 años? ¿Por qué no invertir las inmensas ganancias que está obteniendo Pemex para que esta compañía realice la refinación y así cree empleos en México, en vez de estar pagando altos precios por la gasolina fabricada en el extranjero? Tengo la sensación de que nos quieren robar bestialmente. Si antes tenía algunas dudas con El Espurio Calderón, hoy sé que nada más se encaramó en el poder para robar monstruosamente, sin medida. Para muestra tan sólo las raterías de su gran amigo Camilo Mouriño que dice que trabaja como Secretario de Gobernación. Hoy estoy cierto de que Calderón sólo quiere pagar a los que lo llevaron de manera fraudulente, a como diera lugar, a la Presidencia. Y el costo, él quiere, que lo paguemos todos.